Se encontraba sentada en la cama, sus manos entrelazadas en sus cabellos grisáceos, lágrimas en su rostro mientras que el reloj corría, el tiempo pasaba. No entendía lo que pasaba, no quería aceptar la realidad, no podía aceptarla, la rabia de la peliblanca aumentaba. Con un movimiento, rápido, golpeó la cama en un puñetazo limpio mientras que en su cabeza seguían repitiéndose más preguntas, que afloraban a medida que recordaba la verdad...la verdad. Un pensamiento inundó su mente, una niña, de pelo grisáceo se le acercaba, extendiéndo su mano hacia ella, con una sonrisa inocente en su rostro, moreno y la alegría reflejada en sus ojos, amarillos como el Sol. Extendió la mano, queriendo coger la de la pequeña...el recuerdo se esfumó y una lágrima de tristeza recorrió el rostro de Ginako. "La vida no perdona, no persigas ser perdonada por ella", susurró una voz en su cabeza, y un nombre surgió de los labios de la chica, "...Tetsuko..."
Ginako miró hacia arriba y pronunció una frase, " Tampoco persigo ser perdonada por ella", en su rostro se dibujó una pequeña sonrisa, mientras que, detrás suya una figura la observaba, una figura idéntica a ella, cuyo rostro no se apreciaba de el todo. Se acercó y dejando ver sus labios, besó a la peliblanca en su grisácea cabellera, a la vez que decía. " Siempre estaré aquí, siempre te protegeré" dijo aquella figura. Se giró, al sentir el beso extendiendo la mano, para después bajarla poco a poco. "El fuego corre por mis venas...pero...¿por qué siento tanto frío?", la peliblanca se encogió en su cama, quedándose dormida, mientras en su mente...imaginaba a su única salvación, la niña de hierro.

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